El desayuno de un naúfrago. A sus 40 años, Teo es epiléptico y camionero. En plena crisis es difícil trabajar de chofer con esa enfermedad. Me topé con él el pasado invierno en la calle Dato de Vitoria. Eran las 9 de la mañana, nevaba y Teo trataba de parar viandantes para pedir ayuda, pero le confundían con un mendigo o un borracho y pasaban de él. Yo iba a renovar el pasaporte de mi hijo. Paré y me pidió perdón por hablar tartamudeando. Estaba muy confuso. Dijo que llevaba horas tratando de ir a su piso en la periferia de la ciudad. Que le habían ingresado a medianoche en el Hospital Santiago con un ataque de epilepsia que le sorprendió en casa mientras pelaba patatas para cenar. A las 5 de la madrugada pidió que le dejasen salir porque en el box del hospital donde le metieron no podía dormir. La camilla no tenía ropa de cama, hacía frío y la luz no se podía apagar. Le dieron una receta para su medicación contra la epilepsia y le dejaron salir. La calle era una trampa, co...