No todos los jueves puede uno hacer manitas con el ministro de Interior. Fueron cuatro intensos segundos de emoción. Al terminar de responder a los periodistas en el Cuartel de la Guardia Civil de Sansomendi, en Vitoria, apremiado por el protocolo que le exigía presidir un brindis con vino español" ante las autoridades civiles y militares, Jorge Fernández Díaz (ya es Jordi para mí) intentó cruzar un mar de cables de radios y televisiones que le separaban de su deber. Alguien, detrás, le alertó del peligro de tropiezo. Fue entonces cuando agarró mi mano izquierda. La derecha estaba ocupada por el micrófono de TVE, Fueron sólo cuatro segundos, pero creo que éste puede ser el principio de una hermosa amistad. Su mano estaba congelada, después de haberse mojado bajo la lluvia durante la toma de posesión del nuevo jefe de la Guardia Civil en el País Vasco. Jordi me cae bien. Es del Opus Dei, es del PP, es el responsable de la Ley Mordaza, pone concertinas con cuchi...